Aspectos legales de los Bug Bounty Programs: una historia de piratas

“Imposible me ha sido rehusarme a las repetidas instancias que el Caballero Trelawney, el Doctor Livesey y otros muchos señores me han hecho para que escribiese la historia circunstanciada y completa de la Isla del Tesoro. Voy, pues, a poner manos a la obra contándolo todo, desde el alfa hasta el omega, sin dejarme cosa alguna en el tintero (…)

La Isla del Tesoro (1901) Robert Louis Stevenson.

Capítulo I: De piratas, corsarios y hombres

Seguramente desde que el hombre es hombre, han existido modalidades o mecanismos de supervivencia basados en la explotación de las vulnerabilidades ajenas, por decirlo de la manera más aséptica y eufemística posible. La versión más organizada y regulada de esas iniciativas se conocen hoy en día como Bug Bounty Programs o programas de recompensa por errores en software.

Pero la ficción y la historia -a partes iguales- presentan abundantes ejemplos de personas que hicieron carrera y fama siendo amigos de lo ajeno. Sin embargo, debemos reconocer que no todas las historias son iguales. ¡Comencemos!

Capítulo II: Autorizaciones, patentes de corso y bulas 

La primera Ordenanza regulando y fomentando la actividad corsaria fue promovida por el rey Felipe IV en 1621 debido a la incesante actividad corsaria y pirata de ingleses, holandeses, franceses, argelinos y turcos, que asolaban el comercio español, tanto en las Indias como en el Mediterráneo. 

De esta forma, los comerciantes, en tiempo de guerra y con consentimiento real, podían invertir su papel de “presa” por el de cazador.

Debido al éxito de las patentes de corso, se publicaron otras Ordenanzas que ampliaban los cometidos del corsario, normalmente cuando el país se encontraba en guerra. Por ejemplo, destacan  las ordenanzas de 1674, 1702, 1718 (que explícitamente decían “contra turcos, moros y otros enemigos de la Corona”), las de 1762, 1779, 1794 (contra intereses franceses principalmente), la de 1796 esta vez en lucha contra los ingleses y la de 1801 nuevamente contra los británicos.

El Tratado de Utrecht de 1713 intentó terminar con las patentes de corso, al declararlas prohibidas, pero el fenómeno continuó durante el siglo XVIII y no fue declarado prohibido hasta el Tratado de París de 1856, que puso fin a la guerra de Crimea.

“(…)Los católicos que se han ceñido con la cruz para el exterminio de los herejes, disfrutarán de las indulgencias y privilegios otorgados a quienes van en defensa de Tierra Santa.”

Bula papal emitida el 4 de noviembre de 1184 e incorporada como Canon III del Cuarto Concilio de Letrán de 1215 

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