Dónde guardan tus datos las webs más visitadas en España

Síguenos en |    

Datos y más datos, ¿pero dónde se guardan?

Vivimos en un océano de datos. De hecho, estamos atiborrados de datos.

Ya sean los que producimos (pasiva y activamente), los que compartimos (pasiva y activamente) o los que consumimos (pasiva y activamente también). Como muestra un botón, en 2013 se publica una noticia con una particularidad que ha llenado montones de Power Points desde entonces. La frase lapidaria era la siguiente: el 90% de los datos del mundo ha sido generado en los dos últimos años. Es decir, que el 90% de la información del planeta en 2013, se había generado entre 2011 y 2012…

Dudo que entre 2013 y hoy eso haya ido a menos. Por tanto sí, vivimos inundados por datos.

Y no va a ir a menos, ya que el mantra repetido sin cesar es que vivimos y nos encaminamos hacia la economía de los datos. Economía en la que nosotros somos pieza clave y que convierte a los datos en el nuevo petróleo. Ahora bien, ¿dónde se guarda mayor cantidad de ese petróleo? Si el valor económico de esa información es tal, por lógica quién más controle, mayor riqueza potencial tendrá. Eso es algo que ya exploramos hace casi 4 años mediante el Mapa de Términos y Condiciones, siendo el líder EE.UU.

Sin embargo, en aquel momento nos centramos en los grandes prestadores mundiales, sin hacer el vínculo a una región concreta. Ahora bien, con motivo del estudio del nuevo Reglamento General de Protección de Datos (la nueva norma en materia de privacidad a partir de mayo de 2018 en todos los países de la UE), pensé que podía ser interesante revisar esa pregunta pero desde la perspectiva de usuarios españoles.

Continuar leyendo “Dónde guardan tus datos las webs más visitadas en España”

Si los datos personales son el nuevo petróleo, ¿dónde se alojan?

Síguenos en |    

¿Qué país almacena mayor cantidad del nuevo petróleo, es decir, datos personales?

“Dato eres y como dato te procesarán.” :P

Durante 2013, y en un minuto, sólo en Facebook se subían 243.000 fotografías, se veían en Youtube 100 horas de vídeo o se realizaban 3,5 millones de búsquedas en Google. ¡En un minuto! Hagamos una simple multiplicación y únicamente en 2013 ya podemos intuir que se ha generado una cantidad bárbara de información. Sumemos a eso las decenas de miles de servicios que se usan en el día a día, añadamos los miles de millones de personas que los emplean y rematemos el asunto con los millones de objetos que se conectan a Internet a nuestra cuenta… El resultado es que generamos constantemente datos, y en eso nos hemos convertido.

Normal por tanto que en la nueva economía el llamado nuevo petróleo, nuevo oro o el carburante que hace que buena parte de los negocios de nuevo cuño funcionen, sean los datos que generamos en cantidades ingentes. Información que multitud de servicios gratuitos recogen como contraprestación por esa espléndida red social, fenomenal buscador o eficiente organizador de tareas que nos ofrecen a coste cero. Sí, somos hace tiempo el producto.

De todos esos datos, los más jugosos son los de carácter personal. Este nuevo petróleo facilita nuestra identificación, lo que abre la puerta a que el otro protagonista de esta historia, la publicidad, pueda llegarnos en cantidad torrencial pero precisión quasi milimétrica a nuestras múltiples bandejas de entrada. A mayor cantidad de datos, mejor perfil de usuario, y por tanto más fácil teledirigir publicidad que pueda interesar y no sea rechazada. El paraíso de los anunciantes.

La cuestión es, si somos datos y estos son fundamentales para hacer funcionar y crear montones de nuevos negocios, no estaría de más saber dónde se ubican, alojan, tratan y procesan. ¿Suena razonable, no? Es decir, ¿quién tiene potencialmente mayor poder económico basado en ese nuevo petróleo? ¿Europa vuelve a dejar pasar el tren? ¿Son de fiar los que almacenan los datos? ¿Existirá una OPEP del nuevo petróleo?

Con esa idea en parte nació hace poco más de un año lo que llamé el Mapa de Términos y Condiciones, que se aprovechaba de la información geográfica que muchas de las políticas de privacidad ofrecían, y ubicaba así dónde en teoría alojaban y trataban los datos personales los diferentes servicios. El crecimiento del mapa fue bastante irregular y no tan bueno como hubiera deseado. Además, hace algunas semanas perdí los casi 11 meses de trabajo que llevaba a las espaldas (cosas de mi ineptitud xD). Pero eso fue muy positivo, reestructuré ideas, finalidades y tecnologías, y de ahí que nazca hoy la versión 2.0 del Mapa de Términos y Condiciones.

La idea básica es la misma, sobre un mapa ubicar los servicios según dónde dicen alojar y tratar los datos personales que recogen, señalando mediante colores si esa indicación es expresa o hay que sobreentenderla. Pero ahora hay más. Mucha de la información de cada ficha de servicio es fácilmente tratable y es posible traducirla en gráficos que facilitan de forma agregada información estadística que hasta ahora creo no era muy conocida. Por ejemplo, ¿cuál es el porcentaje de servicios adheridos a Safe Harbor? ¿Cuántos de los que deberían estar en Safe Harbor no lo están? ¿Qué jurisdicciones se imponen más a los usuarios? ¿Es el arbitraje una opción valorada? Y así otras muchas cuestiones.

El mapa está medio reconstruido respecto a la información que perdí y está mucho más automatizado que antes, de forma que cuando se añade un ítem en el plano, las gráficas son automáticamente actualizadas según la información de la ficha. Por tanto el crecimiento de la base de datos debería ser mucho más regular, rápido y con una inversión en tiempo más razonable.

Además, ahora comparto la tabla sobre la que está todo construido. No para su edición, pero sí para su consulta y filtrado sin límites. De forma que sería posible extraer más información de la ya proporcionada. Por ejemplo, de los países que alojan el nuevo petróleo en EE.UU., ¿cuántos están adheridos a Safe Harbor? Quien desee ir al detalle ahora debería poder hacerlo.

En conclusión:

A ver si así, ni que sea un poco, podemos empezar a controlar dónde se aloja el carburante de esta nueva economía, es decir, nuestros datos personales.
—–